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Argus II, considerado el primer ojo biónico del mundo, comenzará a ser implantado en los primeros pacientes de hospitales norteamericanos en las próximas semanas. Hoy  contamos su historia.

 

Hace unas semanas  hablábamos en Think Big sobre si estábamos realmente más cerca del ciborg, aquel viejo sueño de Isaac Asimov de construir el hombre máquina, que vería cómo las nuevas tecnologías e innovaciones electrónicas se integrarían dentro del propio organismo.

En ese contexto soñado por el escritor y bioquímico soviético se encuentran nombres como el de Neil Harbisson, reconocido como el primer ciborg del mundo por un gobierno, dado que en su pasaporte está incluida una fotografía en la que aparece con su tercer ojo electrónico.

¿Cómo de cerca estamos de integrar circuitos e innovaciones electrónicos en nuestro cuerpo? ¿Se utilizan ya estos avances de manera habitual? ¿Están aprobados por las diferentes agencias norteamericana y europea? Hoy os contamos el caso de Argus II, considerado como el primer ojo biónico del mundo, y que sin duda, marca el camino sobre cómo irán evolucionando los nuevos trabajos en este campo tan innovador, que relaciona a la vez medicina e ingeniería.

Argus II, la ayuda perfecta para personas con ceguera

Hace tan solo unos meses, la Food and Drug Administrationde los Estados Unidos, más conocida como FDA, aprobaba la utilización de un dispositivo médico que volvía a despertar las ilusiones y esperanzas de aquellas personas que por una causa u otra hubieran perdido la visión.

El sistema, denominado Argus II, había sido producido por la compañía Second Sight Medical Products, con el objetivo de tratar a pacientes que sufrieran de una enfermedad conocida como retinitis pigmentaria. Más que un síndrome determinado, esta patología puede ser considerada como un abanico de males oculares de tipo crónico, cuyo origen es genético. Se caracteriza por la degeneración progresiva de la retina, lo que supone la pérdida gradual de los conos y bastones, las principales células que forman parte de esta estructura.

 

El dispositivo, según el propioinforme de la FDA publicado en febrero, cuando dieron su aprobación inicial, consiste en unas gafas en las que va acoplada una videocámara. Esta capta las imágenes, que luego son convertidas en forma de señal eléctrica, que estimulará la retina de los pacientes que usen este dispositivo.

El sistema, por lo tanto, está formado por tres partes:

1.    Un minúsculo dispositivo electrónico insertado en el ojo

2.    Una pequeña videocámara acoplada a las gafas

3.    Una unidad de procesamiento del vídeo que convierte las imágenes grabadas en señales eléctricas que estimularán las retinas de los pacientes

La aprobación de la FDA supuso que Argus II estaba finalmente a disposición de la sociedad, o al menos de los pacientes que lo necesitaran. El sistema les sirve para poder ayudarles a detectar diferencias entre luz y oscuridad, consiguiendo que identifiquen el movimiento y la localización de objetos.

Argus II comenzará a ser probado como el primer ojo biónico del mundo en 12 centros hospitalarios seleccionados de los Estados Unidos, entre los que se encuentra elUniversity Hospitals Eye InstituteEstos reclutarán a los primeros pacientes que recibirán esta prótesis biónica que nos acerca, como decíamos hace un momento, al ser humano-ciborg que soñó Asimov.

Décadas de investigación que se hacen por fin realidad

Llegar al punto en el que estamos, donde Argus II por fin comienza a ser utilizado como dispositivo para tratar la retinitis pigmentaria, no ha sido fácil. Tras más de dos décadas de investigación, el primer ojo biónico llega a los primeros pacientes, no sin antes haber sido un ejemplo de colaboración y trabajo entre el sector público y el privado.

Para desarrollar este dispositivo, y conseguir la aprobación final de la FDA, Second Sight realizó tres ensayos clínicos, que demostraron su eficacia e inocuidad. Además, la administración pública norteamericana también creyó desde el primer momento en este nuevo avance de la biónica, al invertir más de 100 millones de dólares procedentes del National Eye Institute, el Department of Energy, y la National Science FoundationA nivel privado, la inversión también ha rondado los 100 millones de dólares.