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Investigadores de la Fundación Fleni, asociados con la universidad de Harvard y el centro Ibyme estudiaron la relación de la oscuridad con esta enfermedad autoinmune y degenerativa; descubrieron el rol que ejerce la melatonina como factor ambiental y promesa terapéutica

¿Por qué estadísticamente hay menos brotes o recaídas de esclerosis múltiple (EM) en el otoño o el invierno y lo contrario en primavera y verano?

A partir de esta observación de larga data, científicos argentinos del flamante Centro para la Investigación de Enfermedades Neurológicas (CIEN) de la Fundación Fleni comenzaron a investigar ese factor ambiental en la incidencia de esta enfermedad autoinmune y neurodegenerativa que afecta a 3 millones de adultos jóvenes (de 15 a 40 años) en todo el mundo y más de 12.000 en la Argentina.

Siendo que esta enfermedad no es hereditaria y su aparición se debe a una interrelación compleja entre algunos factores propios de los individuos (genéticos) y externos, como por ejemplo determinadas infecciones, ingesta de sodio, tabaquismo, niveles de vitamina D y la exposición solar -mucho más notoria en los meses con más luz-, los científicos liderados por el doctor Jorge Correale, jefe del Servicio de Neuroinmunología de Fleni, investigaron la incidencia que cumplían para el desarrollo de la EM.

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La esclerosis múltiple afecta la mielina en el cuerpo humano, una sustancia que recubre los nervios que conducen los impulsos eléctricos desde el cerebro hacia la periferia del organismo y viceversa.

“Existía el interés en determinar y establecer el rol que juegan los factores medioambientales en la EM, con el fin de modificarlos y de esta manera impactar en el curso de la enfermedad y el riesgo de desarrollarla. La respuesta a esta pregunta llevó casi 5 años de trabajo con investigadores de la Universidad de Harvard, en EE.UU. y del Instituto de Biología y Medicina Experimental (Ibyme) de la Ciudad de Buenos Aires que dirige el doctor Gabriel Rabinovich”, explicó Correale a LA NACION durante la presentación de la investigación recientemente publicada en la prestigiosa revista CELL llamada: “La melatonina en la estacionalidad de los brotes de esclerosis múltiple”.

EL FACTOR DE LA LUZ

Abocados a esta “lógica estacional”, los expertos se enfocaron primero en la vitamina D. “Sabemos que se secreta por la exposición al sol, con más posibilidad en primavera y verano, y que es buena para la esclerosis múltiple. Pero este factor de cuanto más sol, más vitamina D y mejoras para la enfermedad, no tenía correlación debido al incremento de brotes o recaídas en primavera y verano, por lo que lo llamamos ‘la paradoja estacional’”, explicó a este medio Mauricio Farez, investigador del servicio de Neuroinmunología de Fleni.

 

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Motivados por esa contradicción, los investigadores se abocaron a estudiar otros factores que guardaran una mejor correlación entre la luz solar y la frecuencia de exacerbaciones de la enfermedad y detectaron que el factor responsable de la disminución de los brotes de la enfermedad en el otoño e invierno era la oscuridad: “Durante esos los días son más cortos, con menos horas de luz solar y mayor oscuridad, lo que a su vez estimula la secreción de melatonina, una hormona secretada por la glándula pineal durante la noche y en mayor medida durante los meses con menor luz solar, como es el otoño e invierno”, sostuvo Correale.

Si bien posee múltiples funciones como la adaptación del cuerpo al cambio de estaciones, esta hormona con variación circadiana y estacional, es más conocida es su actuación sobre el sueño, como sustancia natural que determina el ciclo sueño-vigilia. “Experimentando con ratones, notamos que existe una relación inversa: a mayores niveles de melatonina, menor cantidad de brotes”, aseguró Correale.

Los brotes son exacerbaciones de un síntoma previo o la aparición de uno nuevo que dure más de 48 horas y esté separado al menos 30 días de un episodio previo. Los síntomas más frecuentes son: pérdida visual, trastorno de la coordinación y el equilibrio, y trastornos de la ductilidad de piernas y brazos. Se trata así de la segunda causa de discapacidad en los adultos jóvenes argentinos, después de los accidentes de tránsito.

La melatonina puede bloquear el desarrollo de células Th17, que son responsables del daño cerebral que se produce en esta enfermedad

Farez explicó que en el caso de la EM, se encontró que la melatonina puede bloquear el desarrollo de unas células conocidas como Th17, que son en gran parte responsables del daño cerebral que se produce en esta enfermedad. “Además, la melatonina promueve la generación de células reguladoras o Tr1, que apaciguan la respuesta inmune y bloquean de esta manera el daño al cerebro”, añadió el experto.

PROMESAS TERAPÉUTICAS

La investigación publicada en Cell, incluye en su primera parte 139 pacientes con esclerosis múltiple estudiados en su totalidad, en la Argentina. El estudio de los investigadores locales permite entonces ubicar a la melatonina como un nuevo factor ambiental con impacto en el curso de la EM, al tiempo que coloca a esta hormona y sus análogos como promesas terapéuticas a ser estudiadas en estudios clínicos a futuro. Así, los resultados del estudio también podrían tener impacto en el tratamiento de otras enfermedades autoinmunes con un comportamiento estacional similar, tales como la artrosis reumatoide o el lupus.

 

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Pero los expertos remarcaron algo clave y fundamental a esta altura de los estudios llevados: “Los pacientes con esclerosis múltiple no deben tomar melatonina, de hecho está contraindicado ya que aún no se han hecho los ensayos clínicos correspondientes en humanos para determinar las dosis correctas de ingesta”, aclaró Correale.

Nuestro descubrimiento forma parte de la Medicina Traslacional, es decir, ir desde la investigación básica a la aplicada

Y agregó: “Nuestro descubrimiento forma parte de la Medicina Traslacional, es decir, ir desde la investigación básica a la aplicada. Pero para que este abordaje pueda ser aplicable en humanos debemos descubrir primero cuál es la dosis óptima de melatonina u otro compuesto para impactar en los brotes y ayudar a regular el sistema inmune, pero sin efectos colaterales. Antes de su uso el estudio debe pasar por todas las fases clínicas, para lo que se requiere más investigaciones que dependen en parte del financiamiento”.

La buena noticia sobre la publicación argentina fue acompañada por otra del mismo tinte: la inauguración del CIEN, el Centro para la Investigación de Enfermedades Neuroinmunológicas de Fleni, el cual se abocará, por una parte, a la asistencia para el diagnóstico de diversas enfermedades neuroinmunológicas, como esclerosis múltiple, neuromielitis óptica, encefalopatías autoinmunes, neuropatías autoinmunes, miastenia gravis, entre otras. Además, se enfocará a la investigación básica en patologías neuroinmunológicas con el objetivo de entender los mecanismos que las originan y posibilitar el desarrollo de nuevos elementos de diagnóstico, pronóstico y tratamiento que en el corto o mediano plazo puedan ser trasladados a la asistencia de los pacientes.

UNA ENFERMEDAD QUE PREOCUPA

La esclerosis múltiple afecta la mielina en el cuerpo humano, una sustancia que recubre los nervios que conducen los impulsos eléctricos desde el cerebro hacia la periferia del organismo y viceversa.

Cuando se ve afectada la mielina, aparecen los síntomas de esta patología autoinmune y neurodegenerativa. Cada paciente presenta síntomas distintos que pueden variar de acuerdo a la evolución de la enfermedad, la gravedad del cuadro y su extensión en el tiempo, y tiene un grupo de síntomas propios, que dependen del lugar del sistema nervioso donde se manifiesta la desmielinización.

Los síntomas más comunes son debilidad, sensación de hormigueo, escasa coordinación, fatiga, problemas de equilibrio y mareos, además de alteraciones visuales, visión doble, temblores, espasticidad y trastornos en el habla. Otros síntomas habituales pasan por la aparición de problemas intestinales o urinarios y en la función sexual, sensibilidad incrementada al calor, problemas con la memoria a corto plazo y, ocasionalmente, problemas de juicio o de razonamiento (cognitivos).

La investigación y los recursos humanos fueron financiados por la Fundación Allende y la Academia Nacional de Medicina, la Federación Internacional de Esclerosis Múltiple (MSIF), la Universidad de Harvard, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet); y por subsidios privados.

La nómina completa de los investigadores incluye a Mauricio Farez y Jorge Correale del CIEN y el Servicio de Neuroinmunología de FLENI, Eugenia Balbuena-Aguirre1 y Célica Ysrraelit; Iván Mascanfroni, Ada Yeste, Gopal Murugaiyan, Lucien Garro, Bonny Patel, Chen Zhu2, Vijay Kuchroo3 y Francisco Quintana todos pertenecientes Ann Romney Center for Neurologic Diseases, Brigham and Women’s Hospital, Harvard Medical School (Boston, Massachusetts, USA); Santiago Méndez-Huergo y Gabriel Rabinovich, ambos del Laboratorio de Inmunopatología, Instituto de Biología y Medicina Experimental, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (IBYME-CONICET).